Hay una frase que odio en las sesiones de fotos infantiles. Y la dicen los padres con la mejor intención del mundo: "Mira a la cámara. Di patata."
El niño mira. Fuerza una sonrisa. Clica el obturador. Resultado: una foto técnicamente correcta y emocionalmente muerta.
Los niños no mienten. Sus caras cuentan exactamente lo que sienten. Y si lo que sienten es "mi madre me está obligando a posar", eso sale en la foto.
Así que olvidemos los posados. Aquí van cinco cosas que hago yo, que funcionan, y que puedes usar tú también si alguna vez fotografías a tus propios hijos.
1. El juego de "pillar al fotógrafo"
Les digo que tienen que intentar tocarme antes de que yo les haga una foto. Corren hacia mí. Sueltan grandes carcajadas. Tienen los ojos brillantes. Yo disparo en ráfaga.
De 30 fotos así, 4 o 5 son perfectas. Las otras 25 son movidas, borrosas, o tienen medio cuerpo fuera del encuadre. Pero esas 5 son oro puro.
2. El secreto susurrado
Me acerco mucho, muy cerca de su oído, y les susurro algo absurdo. "¿Sabes que los elefantes son en realidad muy buenos cocineros?" Levanto la cámara inmediatamente después. La cara de perplejidad y luego la risa que viene sola son exactamente lo que estoy buscando.
3. El concurso de "quién hace la cara más fea"
Funciona especialmente con niños de 4 a 8 años. Les pido que hagan la cara más horrible que puedan. Se lo toman muy en serio. Las muecas son épicas. Y entonces, sin previo aviso, les digo "ahora la cara más bonita del mundo" y en el microsegundo que hay entre la mueca y la sonrisa genuina está la mejor foto del día.
4. La misión secreta
Especialmente bueno para niños de más de 6 años. Les doy una "misión fotográfica": tienen que encontrar 3 cosas de color azul en el parque. Mientras las buscan, yo los fotografío desde lejos mientras están completamente absortos en su misión. Sin ser conscientes de la cámara. Con total naturalidad.
5. No insistir cuando no quieren
Este es el truco más importante y el más contradictorio. Cuando un niño dice "ya no quiero más fotos", parar. Completamente. A veces dos minutos de descanso, de hacer lo que ellos quieren, de jugar sin cámara, es lo que necesitan para volver con energía nueva.
Forzar una sesión cuando el niño está agotado no funciona nunca. Lo sé. Lo he intentado. Las fotos de niños cansados y forzados son inconfundibles.
¿Qué pasa con los bebés?
Los bebés merecen un artículo propio. Con ellos el truco es diferente: son la luz, el timing (después de comer, antes de que llegue el sueño pesado), y la temperatura del estudio. Pero de eso te hablo la próxima vez.


